lunes, 23 de julio de 2007

Marguita

Si he de decirte la verdad Marga te debería confirmar que mi madre tenía razón con lo de que yo soy tonto, pero tonto del todo. No sólo me metí en esta guerra que no tenía ningún sentido, vamos que a mí ni me venía ni me iba; todo lo contrario Marguita. Yo que era un buen estudiante y con la vista como la tenía seguro que conseguía los papeles de incompatibilidad con el servicio activo. Pero no; que yo tenía que mentir al médico y ponerme las lentillas aquellas y al doctorcillo, cuenta se dio el muy hijo de puta, le importó un carajo y puso aquella sonrisa torcida y medio rota, mostrando la paleta delantera ennegrecida por el tabaco, que decía algo como: “Hala chaval, ¿Te quieres ir al frente? Pues tú mismo”. Bueno, ya sé que esto lo sabes y que te lo he repetido hasta la saciedad, pero es que no me quiero despedir sin que lo entiendas. Sin que sepas por mí que si pudiese volver al pasado no hubiera hecho lo mismo y nos hubiéramos casado y todo eso. La cuestión y esto es lo que no sabes es que fui todavía más tonto con el tiempo. Cuando estuve en el frente, no al principio, sino cuando me mandaron al este que fue poco antes de la navidad. ¿Lo recuerdas? En noviembre fue la última vez que nos vimos y tú me fuiste a despedir a la estación con un vestido suelto de color amarillo amapola y los pantalones vaqueros y cortos por debajo. Yo ya te había dicho que no me destinaban al mismo acuartelamiento, que me redistribuían con parte de mi unidad a una misión de observación en el este. ¿Recuerdas todo esto? La noche anterior fuimos a casa de mi amigo y dormimos en la cama que le quedaba libre. Joder como me acordé luego de tus besos y de tus pechos y de todo eso. Lo que ocurre es que nada más llegar al nuevo destino ya nos avisaron que esto era cerrojo, que era lo peor entre lo peor. El Marcial llegó y nos explicó que estábamos para pagar el pato. Yo no te dije nada porque no te quería preocupar y me inventaba en las cartas cientos de heroicidades que eran más falsas que judas y es que tenía la cabeza comida por no sé qué y creía que así iba a conseguir algo en la vida. Quizás buscaba respeto cuando lo que tenía que haber buscado es un sitio tranquilo donde poder vivir los dos juntos. Lo que te decía, el Marcial, que era un sargento de la zona más avispado que todos nosotros juntos nos lo dijo a los nuevos desde el principio. Que la zona de los valles era una trampa para bobos, que al enemigo no le interesaba tomar esta posición porque no era un punto estratégico y que a los nuestros sólo les interesaba tenernos aquí para poder poner el color de su bandera en aquella zona cuando echaban por la televisión los malditos partes de guerra. La cuestión es que yo me reí de él con todos los demás, que pensaban que cómo iban a mantener nuestros generales tantos hombres en esta zona de mierda siendo necesarios en el frente norte o en la defensa de la capital; que aquello era ridículo, que nuestro presidente era un patriota. Yo es que me pegaría ahora con algo en los dientes y me los rompía todos de lo tonto que fui.
La cuestión es que el tipo tenía razón. Aquello no era defensa ni era nada. Nos distribuyeron en parejas por todos los valles de aquella tierra cortada por el frío y nos dejaron ahí para que avisásemos si venía el enemigo. Pero yo enemigo no vi ni uno, por lo menos hasta el final. Lo que no paré de ver fue nieve con Ricardo. Primero una nieve blanda que se posaba en los arboles pelados de hojas y lo cubría todo pero luego empezaron las heladas y la nieve caía que daba miedo, ora a golpes como piedras ora a cuchilladas traperas, y yo que no tenía papel, ni de fumar ni para escribirte y menos un ordenador para mandarte un correo. Se suponía que tendríamos que recibir un enlace cada semana para el abastecimiento mas allá no llegó ni un alma. Ricardo, que olía a perro quemado, y yo embobados mirando la nieve era la estampa. La cosa es que no sentíamos miedo ni nada parecido sino que teníamos la sensación de estar fuera del mundo. Todo blanco y un frío de mil demonios que no se nos quitaba del cuerpo ni con agua hirviendo en aquella caseta mal montada que habitamos en la cuna del collado que daba al valle. Mirábamos ambos por la ventana empañada y fumábamos maderas resecas contra los mitones descosidos esperando que apareciese un tanque o un helicóptero o una maldita columna de infantería, con los fusiles al hombro y el uniforme blanco de campaña en nieve, y lo peor es que los dos sabíamos que aquello no ocurriría. Que el Marcial tenía razón y por eso mismo ni encendíamos la radio, así que ninguno quería saber la verdad, porque era mejor quedarse en blanco y seguir mirando por la ventana a la caza de algún conejo estúpido. La noche que nos enteramos de lo que ya sabíamos observamos en el cielo unas luces rojas y naranjas abriéndose paso en la noche. Parecían frutas peladas para macedonia colgadas del cielo con chinchetas. Ambos echamos una mirada a la radio con recelo, tardamos más de una hora en encenderla, los dos sin hablar y mirando de hito en hito, que si la radio que si el otro; yo tenía un presentimiento funesto que me subía del estómago igual que las arcadas. Ese fue el momento justo en el que supe que la había cagado pero bien y que ya no me iba a casar contigo, ni a volverte a follar y que seguramente tú te casarías con otro al tiempo. Casi pegué al Ricardo de impotencia. Al encender la radio esta escupió entre ruidos eléctricos que la jefatura se había rendido y que la comandancia había huido al norte con los ejércitos supervivientes haciendo brecha a la desesperada. Se decía que los barcos de la armada estaban preparándose para desalojar a las tropas en la costa pero no se decía nada de nosotros. Porque el oeste llevaba perdido meses pero nosotros seguíamos aquí y no se nos mencionó ni una vez. Así que lo supimos de inmediato. Vimos claro como el agua que se habían olvidado completamente de nosotros pero los que no iban a tener tan mala memoria eran los otros, no, esos no, esos iban a tenderle el puente de plata al enemigo que huye pero luego a pagar toda la mala leche concentrada de tres años con los imbéciles del frente este. Ricardito y yo teníamos tal congoja que ni cominos en semana y media de lo apretujados que queríamos estar dentro de la caseta, nos colocamos cada uno en una esquina y ni un milímetro nos movimos, bien pegados los dos contra la madera helada y la cabeza gacha, a veces llorando de impotencia. Lo peor fue que ni siquiera mandaron tropas a someternos, lo único que hicieron los otros fue enviar camiones enormes con cinco o seis soldados que nos fueron recogiendo valle por valle como a borregos perdidos. Ni nos apuntaban con los rifles los muy cabrones. Sólo nos hirieron con las risas y las guasas. Yo es que, Marguita, fui estúpido y ya me lo dijiste tú; que si me iba a la guerra lo nuestro iba a acabar mal. Joder y tan mal, Marga, que seguro mañana me fusilan; los muy hijos de su madre me han dado papel para escribir, un paquete de tabaco liado, una cena decente, con filete y patatas, cerveza, sacristán y la hostia consagrada. Pero lo que más me ha jodido es lo de la medalla, te crees tú que van y me dan una de sus medallas por méritos de guerra, me han dicho que apunte tú nombre que te pasarán una pensión, aunque no estuviéramos casados, y venga a reír que se han puesto. Al final he aceptado porque ya he hecho mucho el imbécil en esta vida y si tú te puedes llevar unas pelas a costa de mi dignidad pues que más da. Si razón tienen, que más que luchar lo que hemos hecho es pagar el pato y pastar en los valles aquellos de mierda como ovejas y los otros, exiliados, rompiéndose la camisa de dolor pero bien follados y comidos ¡Qué no hay derecho Marguita, qué no lo hay!

jueves, 19 de julio de 2007

Felación

Alguien se habrá dado cuenta de que llevo más de dos semanas de vacaciones, puede que tres, y para ser sincero no han sido sólo unas vacaciones normales. Han sido mucho más que eso. Han sido festividades sexuales y mentales, vacaciones prendidas detrás del calor viendo el tiempo pasar a lo largo y ancho de mi cuerpo estrecho y tibio, de mi vello y de mis entrañas. No he hecho casi nada excepto mantener la cabeza bien oculta detrás de la jara y del bog con todos mis sentidos puestos sobre el movimiento y la esencia de la verdad verdadera, valga la redundancia, o realmente la verdad de la verdad. La esencia de la no mentira. Citando a Hobbes: “El hombre es incapaz de la mentira, sus palabras, o su lenguaje, es el que miente”. Hoy he leído y he despertado, por lo menos un poco de mi atropello de sexo y estío, luego he enganchado el delicado sonido del trueno en mi reproductor de música hi-fi, super cuadraphonic y estoy dispuesto a lanzarme a través de la gran extensión entre vosotros y yo. El lenguaje, generalizando, consiste en relacionar de forma compleja etiquetas asociadas a elementos que pertenecen a nuestro pensamiento. La palabra árbol es una representación directa que nos permite generalizar y utilizar el concepto árbol que hemos obtenido de una generalización abstracta gracias a los sentidos. De hecho, sin el uso verbal, nuestro aprendizaje estaría francamente comprometido ya que las relaciones que hemos etiquetado con la palabra árbol debería ser realizadas de nuevo cada vez que nuestros sentidos procesasen árbol. De esta forma presuponemos que el árbol es un ser inmóvil, normalmente con hojas verdes y que se estira para arriba desde el suelo. Todo lo que sabemos de los arboles tendría que ser vuelto a aprender sino existiese árbol – la palabra si así lo queremos etiquetar -. Un elemento cualquiera de nuestra conversación realiza, simplificando, una relación entre sendas etiquetas con algún símbolo lógico o no de relación. Así como en matemáticas el símbolo pertenece implica que el primer elemento está totalmente incluido en el segundo, el verbo ser en ciertas connotaciones implica exactamente lo mismo. Por ejemplo en : “El hombre es un animal” lo que estamos haciendo es indicar que el primer elemento pertenece o está contenido en la segunda categoría. Lo que hace al lenguaje un elemento mucho más complejo es que: primero, una misma etiqueta de relación puede relacionar de forma distinta elementos dependiendo de los elemento en cuestión (Como es lógico el verbo no indica lo mismo – no es la misma relación lógica – en “Yo soy español” que “Yo soy tuyo” y ciertamente la única diferencia viene del elemento B); segundo, existen infinidad de posibles etiquetas de relación. De esta forma el verbo ser puede indicar inclusión, existencia, esencia y un abrumador número de posibles relaciones entre el elemento A y el elemento B. Todo esto sin tener en cuenta que el lenguaje humano normal permite relaciones cruzadas, relaciones entre múltiples elementos e incluso distinguir entre las distintas relaciones con frases muy sencillas. Se dice que una frase es verdad cuando la relación que se establece coincide con la serie de pensamientos o relaciones mentales del hablante o mejor dicho del "lenguajeante" ya que el lenguaje no incluye sólo el habla. Para simplificar más si queréis: cuando coincide con la realidad. El asunto es que el hombre no miente – por supuesto ni la mujer, no estoy hablando en genero – sino que como mucho erra. Entendámonos; si yo le digo a una mujer en la cama que la quiero porque observo que necesita que se lo diga para poder acostarme con ella y yo estoy realmente interesado en el polvo, pues voy y se lo digo. La frase, lo que yo he dicho es mentira. Pero pensemos atentamente en el pensamiento que se ha encadenado en mi cabeza. Ella necesita algo, que le diga que la quiero ergo si quiero obtener lo que necesito, tengo que decirlo. El desarrollo mental nunca es falso - el desarrollo ha expresado la relaidad del "lenguajeante" - sino que como mucho es equivocado, ojo erróneo, ya que puede que la chica se acueste igual contigo sino dices nada. El lenguaje miente pero nosotros no nos podemos mentir a nosotros mismo. Cuando decimos algo que no es verdad si sabemos que no es verdad a nosotros mismo nos hemos dicho la verdad y si era verdad la única forma de que fuese mentira es que estuviésemos equivocados. Yo soy tan incapaz de ser falso como de no ser yo, lo único que puedo hacer es que mis palabras sean falsas por mí.


Por casualidad he pensado en lo mucho que se parecen las palabras hablar y felación. Me imaginé que por algún capricho del destino podían provenir del mismo término latino. Mi gozo ha caído en un pozo al comprobar que felación proviene, esto si lo sabía, de felatio (mamar) pero hablar proviene de fabulari que desgraciadamente no es lo mismo. Lastima. Esto debe querer decir que las felaciones no mienten lo que podría ser francamente interesante. Increíblemente interesante.

martes, 26 de junio de 2007

Réquiem (En latín, perdón)

Quince años tiene mi amor dice la letra pero yo digo dieciséis años tiene mi amor y eso no es lo mismo. Ni siquiera es lo mismo una canción que la dura realidad. La habitual realidad. Dies irae, dies ille...Ella es tan guapa que las montañas se secan y los ríos devuelven sus corrientes a la cuna montañosa de donde manan sus torrentes. Tiene los ojos castaños pero tan claros que vibran con solo ser rozados por la luz. Dieciséis años tiene la persona que deseo; me despierto y escucho a Mozart y a Bach, la misa de réquiem y los conciertos de Brandenburgo. Sus ojos son tan bellos como el sol cayendo contra el mar ardiente; los valles y montañas que conforman su cuerpo parecen sorprendentemente jóvenes, como si no existiese la erosión para esa materia de la que está conformada. Yo tengo veintiséis años y leo ante el sol, debajo del sol, mientras pienso en que la besé por primera vez dentro del agua de una piscina, los labios húmedos, también pienso en releerme a Navokov y su Lolita. L-O-L-I-T-A. Perfecto sonido para el paladar. Tengo veintiséis años y me he quedado sin trabajo, estoy en un paro claro y cristalino, tengo la espalda quemada y puede que lo que haya hecho sea lo peor que pueda hacer un hombre; también puede que sea lo mejor. Navokov y Mozart...Pienso y re-escucho el Dies Irae (El día de la ira) y en el Kyrie Eleison, Christe Eleison, Kyrie Eleison encuentro un poco de paz ¿Qué se puede hacer si ella es tan bonita? Solo esperar el día del juicio y confiar que alguien te perdone. Confiar en el griego, confiar en sus ojos y en mi miedo a no volver a besarla. Confiar en definitiva en todas las cosas que siento y percibo; olvidarme del posible dolor de considerar la realidad una mentira. Así que confío en Lolita y en los dieciséis años y en J.S Bach y en la misa y en todos los santos padres de la iglesia. Aunque no crea en Dios sí creo en que el vino es la sangre del mundo y creo en su cuerpo salvajemente pequeño desintegrado en mis brazos por la acción de las leves olas de la piscina. Por todos los muertos (los que me caen bien), por: Faulkner, Conrad, Mozart, Sallieri, Huxley, Bach, El Greco, el cuerpo de usares napoleónico, Santa Teresa, Cortés, Moctezuma el viejo, Atila, el gran Khan, el sol y la muerte. Por las cosas que tienen sentido porque sin creer en ellas no tiene sentido nada. Réquiem por todos nosotros. Kyrie Eleison, Christe Eleison, Kyrie Eleison.

jueves, 21 de junio de 2007

Obertura Japonesa

Hida se dijo a sí mismo en correcto japonés pechos como óvalos perfectos, aljibes de plata y ojales por pezones delante de un libro titulado “Breve Historia del Lenguaje” en la sección de librería de los grandes almacenes hasta donde había rastreado el aroma fascinante de una falda y una blusa encajadas sobre tacones. La dueña de esas palabras que se le habían esparcido por la corteza cerebral se alejaba oscilante por un largo pasillo infectado de luz anaranjada y a la vez de concupiscencia haciendo crecer la impotencia en Hida. Impotencia y rabia por saber que esas caderas bien formadas no se acoplarían jamás con las suyas, que esos pechos no vibrarían tampoco sobre su cabeza y que de la boca de la mujer que se alejaba nunca oiría su nombre pronunciado entre gemidos. Rabia e impotencia porque él había sido un joven salvaje japonés, que había visto conciertos de Les Rallizes Denudes, robado en tiendas y estrellado motos delante de la policía de a pié. Así que si Hida recordaba que ese yo ya no era él se podía inferir que este de ahora era él lo cual, tontamente, le hacía pensar que el libro de teoría del lenguaje y la bella dama en retirada se estaban riendo de él. Con un impulso rápido agarró el libro entre las manos y sin más precaución salió disparado por el pasillo cubierto de luz enfermiza hacia la puerta, más allá del culo cimbreante enroscado en seda y polipiel, convencido en robar el libro costase lo que costase. Una vez adelantada la mujer, sin mirar hacia atrás para no perder su orgullo, encaró la puerta de salida protegida por el tipo con el pelo a cepillo, enjuto y envuelto en barba de tres días. Como es lógico, quizás para nosotros pero no en ese momento para Hida, la alarma del libro sonó al pasar por la puerta pero este siguió adelante y el guardián protector se fue también con él pero aun más rápido - porque sí corría - y no hacía lo que Hida que, en resumen, era andar solamente. Hida se quedó paralizado delante del guardia que le asía la camisa; mientras la mujer clavaba, con la falda oscura, los gemelos y muslos color perla pasando muy despacio por toda su linea de visión, sus ojos protegidos por gafas de sol casi con certeza en su mirada atenta. Así que a Hida no le importó el guardián ni tan siquiera cuando le zarandeó y al final golpeó en la boca del estómago con el puño cerrado para recuperar el libro que no se soltaba. Ni siquiera en ese momento ya que lo único que le interesaba fue un sentimiento resplandeciente de felicidad y juventud. Volvía a oír los conciertos de su juventud, olía de nuevo la gasolina y el cuero. La mujer pasó y Hida boqueaba. La cabeza a la altura de las caderas y cuanto más gritaba algo ininteligible el seguridad más sabía él que mañana volvería al mismo centro comercial a robar. Pensó en una Play Station 3, en un deuvedé y cuando ya el guardia se daba la vuelta hacia su puesto en la puerta tomándole seguramente por un retrasado, en pechos perfectos como óvalos, pezones de plata y rosa, caderas como tormentas tropicales de espuma en un océano pacífico, sobre todo blancas hasta lamer la arena de la playa donde todo explota en esperma.

lunes, 18 de junio de 2007

Auxiliar de Clínica

Aquella mujer era el final de la vida tal como se entiende o quizás lo era su chico que trabajaba de auxiliar de clínica pero había estudiado únicamente la trayectoria de las cosas al caer. Uno de los dos serían el Apocalipsis lo quisieran o no; como la peste negra o el incendio de Roma. Igual que si Nerón se fuese de pedo con sus amigos y sus cuerpos se curvasen ante la presencia del alcohol o como si Bizancio volviese a derrumbarse, las plagas de Egipto sobre nuestras yagas, Magic Johnson recarcomido por el síndrome de inmunodeficiencia adquirida...los aleros del mundo abrasados contra la ceniza expulsada del Vesubio. Pero el día que ella le dijo que lo hicieran fuera de la cama, una manta extendida en la ancha chopera, con las estrellas girando alrededor de Orión a mil revoluciones por minuto, toda esta destrucción dejó de tener importancia en cuanto el pecho suave y grave de la chica se derritió en la boca de él, como por arte de magia, como un milagro o una nueva religión para los hombres. Tu cuerpo y tus caderas, brazos, pelo serán la alianza nueva, sagrada y eterna; tu semen y flujo y saliva serán mi sangre con la que beberemos el verdadero pacto. La nueva vida. El nuevo reinado del horror y de la belleza...tan íntimamente relacionadas...por los siglos de los siglos.

martes, 12 de junio de 2007

So Tired

So I went to the doctor, see what he could give me

He said, "Son, son you've gone too far,

'Cos smokin' an trippin' is all that you do."

(Black Sabbath)


El médico enfundado en un sobretodo de paño gris se acercó y afirmó definitivamente que no había sido un suicidio pronunciando, con una ligereza que solo se obtiene tras treinta y tres años de profesión, exactamente las siguientes palabras “No ha sido un suicidio”. El gordo cabrón y mal vestido, con manos sudorosas, se acercó hasta el cadáver renqueando, atolondrado, por toda la escena del crimen golpeándose por el camino con un buró de manzano y arrastrando bajo sus pies la alfombra imitación persa comprada seguramente en Tánger “Y si no, ¿Qué coño ha sido? ¿Me lo quieres decir Johnny? ¿Qué cojones ha sido?” El médico protegido por su aura de sobretodo y de pipa fabricada en espuma de mar turca, sin gafas pues no las necesitaba aunque sí con montura without cristals, descubrió el cadáver de la sábana color borgoña y entonó en perfecto castellano: “El tipo tiene secciones transversales en todo el antebrazo y la muñeca perpetradas por lascas de caramelo extraídas de una piruleta marca fiesta y nadie, repito nadie, podría conseguir soportar el dolor de cortarse las venas con caramelo sabor fresa y chicle dentro”. El gordo cabrón haraganeó y babeó, dio vueltas como una noria por la habitación mientras ingería líquido de su petaca de plástico y al final, desde el umbral de la puerta, mencionó: “Podías llamar a mi exmujer y a mi camarero habitual para decirles que es imposible que yo exista; así no tendría que pagar las copas a uno ni la manutención a la muy puta”. En el informe quedó reflejado que el tipo se suicidó por sobre dosis de dulce...pues no era plan para el médico convencer a una puta de absolutamente nada.

lunes, 4 de junio de 2007

Atesta3or

Sus últimas palabras nada más entrar en el lóbrego ambulatorio de pueblo olvidado fueron tengo una horrible sensación de incompletitud y el médico cubierto de sudor desde el entrecejo hasta la comisura de los bigotes no consiguió llegar hasta él antes de que se desplomase contra la mesa metálica de operaciones con un insecto octaedro de caparazón duro y negro, labrado como si fuera obsidiana, firmemente sujeto por ocho estrellas a la cara del muerto. El médico, un tipo escuálido que hasta ese momento había tratado de ingerir con dificultad una tortilla de patata espesa y rancia, consiguió no sin problemas extender el corpachón herido por la extensión acerada de la mesa y observar el cráneo ocupado por la mancha oscura, casi un abrazo de infinito irreconciliable, en un presagio de algo fúnebre. Trató de inyectar cualquier veneno en el ser octaédrico con la aguja normal pero nada más entrar en contacto con el caparazón se disolvió en un río de mercurio helado; lo intentó después con la aguja de metacrilato especial para gases neurotóxicos pero la punta se quebró al primer contacto con la chapa viva de aquel monstruo. La aguja de titanio cayó también herida en su orgullo de dureza. Por fin el insecto de las ocho patas mostró un signo de vida al quebrar su cabeza en un giro de ciento ochenta grados y con la miríada de ojos enfocada al doctor expulsó con su boca de tres secciones en el sentido de que toda verdad evidente, según el orden cartesiano, podría ser encontrada sólo por la inteligencia humana igual que una revelación de fe, hay que entender la verdadera religiosidad científica, que tanto daño ha generado en nuestra época actual. El médico comprendió que ya no había nada que hacer pues toda la inteligencia del alienígena había carcomido la esencia de aquel cuerpo que otrora había sido humano. Eliminó ambos seres con una dosis mortal de cianuro inyectada directamente en el pecho del cadáver humano mientras los ojos independientes del insecto manaban lágrimas del color del ámbar. Lo único que pudo encontrar, antes de que todo el pueblo con el ambulatorio y el propio médico fueran sepultados por el olvido y el polvo, fue una nota en el bolsillo gris marengo del cadáver perteneciente a un diario con fecha de ayer Tú ya no eres mi mujer, ni la persona a la que quiero, sino que eres la muerte y el olvido. He arrancado de mi memoria tu cara de tanto tiempo que ha pasado y ahora no puedo hacer más que sentir miedo ante la sola mención del nombre que antes usé para quererte y para amarte. Es como mirar un pozo insondable de vacío donde antes se hallaban tus ojos sedientos.